HISTORIA DEL SOUL

El soul fue y es una música perfecta para los Mods. Música de baile que no renuncia al sentimiento ni deja atrás la elegancia. La voz del afroamericano de clase media que se convirtió en grito de guerra de la working class británica. Uptown y Southern soul. Soul del norte y soul del sur. Ventrículos alimentando un mismo corazón, impulsando unas piernas que no pueden estarse quietas. Wellcome, brothers and sisters… this is soul.

A mediados de los 50 del pasado siglo, toda una serie de jóvenes artistas afroamericanos se ocuparon de acentuar las influencias del R&B y de añadirle otras nuevas creando en pocos años un género totalmente distinto. Ya fuera por el nombre de la banda de gospel de Sam Cooke —los Soul Stirrers—, por el título de un par de trabajos de Ray Charles —Genius + Soul = Jazz o el Soul Brothers junto a Milt Jackson— o porque la inspiración divina llamó a la puerta del predicador Solomon Burke… a esta nueva música se le llamó soul.

Un compendio perfecto de la mejor tradición musical afroamericana que aunó lo religioso y lo profano como nunca se había hecho antes. Un género que hizo rasgar muchas vestiduras sacras —como antes había sucedido con el jazz y el blues— tachada de música del diablo. Las mismas que finalmente se rindieron ante un fenómeno universal que no distinguió el color de su público o artistas y tanto hizo por la integración racial en los USA.

Un compendio perfecto para un producto insuperable cuyo pódium fundacional estuvo formado por tres nombres tan grandes que dejan pequeño el ciberespacio: Ray Charles —en Atlantic Records y luego en ABC—, Sam Cooke —en Keen Records y RCA— y James Brown —en King/Federal—.

Pobre, negro, huérfano y ciego, Ray Charles —la prueba latente de que el talento no conoce de obstáculos— aportó al R&B la elegancia del jazz y los ruegos catárticos del góspel convirtiéndose en uno de los padres fundadores del soul. Confession Blues, Mess Around, I Got A Woman, Hallelujah I Love Her So, What’d I Say, Georgia On My Mind, Hit the Road Jack, Unchain My Heart y un muy largo etcétera le otorgaron el sobrenombre de El Genio.

Por su parte, el malogrado Sam Cooke se ocupó de dotar al R&B de la intensidad de los himnos baptistas y de un toque pop marcadamente adolescente. Su imponente presencia de crooner, su emotiva voz de tenor y un talento desbordante harían el resto. You Send Me, Good Morning Heartache, Everybody Loves To Cha Cha Cha, Only Sixteen, Wonderful World, Chain Gang, Cupid, Twistin’ the Night Away, Havin’ A Party, Bring It On Home to Me, Shake, A Change Is Gonna Come lo convertirían en el Rey del Soul.

En cuanto al Godfather James Brown —el artista negro con más apariciones en las listas de éxitos de la revista Billboard— fue el culpable de llenar el R&B de incendiario frenesí evangélico, de feeling desgarrado hasta la extenuación y, sobre todo, de espectáculo en estado puro. Papa’s Got A Brand New Bag, I Feel Good o It’s A Man’s Man’s Man’s World son sus apabullantes credenciales como progenitor del soul.

Las contribuciones de la Santísima Trinidad del Soul y las de otros tantos artistas menos visibles —que no dudaron en introducir en el R&B las complejas armonías vocales del doo wop, las work songs de llamada y respuesta de la época de las plantaciones o de enfatizar el sentimiento lastimero del Delta blues— crearían un animal nuevo. Un género uniforme a los oídos de los profanos con una personalidad propia en el norte y en el sur que originaría dos estilos diferentes: el preciosista Uptown Soul y el crudo Southern Soul.

SOUTHERN SOUL

El Southern Soul fue la música del afroamericano adulto, urbanita y sureño de los 60. Un sentimiento desgarrado y sin aditamentos que sólo a ratos se acordaba de la diversión. Un estremecimiento inconformista —avivado por las estampas cotidianas de segregación racial— que se hizo música en los Fame Studios de Muscle Shoals (Alabama). Gargantas doloridas, vientos inclementes y una contundente sección rítmica fueron marcas de la casa y señas de identidad del Southern Soul.

Un estilo enraizado en el góspel que tuvo su centro neurálgico en la ciudad de Memphis de mano de discográficas pequeñas e independientes como Hi Records —con Willie Mitchell de productor y Al Green de cabeza de cartel—, Goldwax —con el tándem O.V. Wright y James Carr— y, sobre todo, Stax. El emblemático sello del chasquido de dedos surgido a partir de la tienda de discos —Satellite Record Shop— que un aficionado al country y su hermana mayor —Jim Stewart y Estelle Axton— montaron por equivocación en un barrio negro y acabó dedicándose al R&B a fin de atraer el interés de sus vecinos. Toda una institución —apodada Soulsville— que contó con un elenco de talentosos compositores —William Bell, Steve Cropper, David Porter, Isaac Hayes—, un iluminado cazatalentos —Al Bell—, una house band impagable e interracial —Booker T. & The MGs en la sección rítmica y los Mar-Keys en la de vientos— y una nómina de artistas que iba desde Otis Redding a Sam & Dave pasando por Eddie Floyd, Johnnie Taylor, los Bar-Kays o Rufus y Carla Thomas.

Un Memphis Soul que traspasó fronteras gracias a la distribución nacional del catálogo de Stax por parte del sello neoyorquino Atlantic Records —la tercera pata del taburete del Southern Soul—. La discográfica de Ahmet Ertegün y un entonces recién incorporado Jerry Wexler que pronto se hizo con una impresionante pléyade de southern soulers —Aretha Franklin, Solomon Burke, Joe Tex, Wilson Pickett, Clarence Carter, King Curtis, Don Covay, Percy Sledge, Ben. E. King…— a cuya disposición pusieron a sus sobresalientes productores —Jerry Wexler, Leiber & Stoller, Quincy Jones, Curtis Mayfield, Tom Dowd—.

Atlantic, Stax y Muscle Shoals Sound como cara visible de un Southern Soul al que también contribuyeron un buen número de pequeños sellos con grandes artistas distribuidos a lo largo y ancho del sur de los USA: Minit Records en New Orleans con Irma Thomas y Ernie K-Doe, Peacock/Back Beat en Houston echando mano vía Duke de Johnny Ace y Bobby Bland, Murco en Los Ángeles con Eddy Giles y Soul Power con Tommie Young, Dial en Nashville con Joe Tex y Paul Kelly, SSS también en Nashville con Peggy Scott y Bettye LaVette… Constatando —como ya venía sucediendo desde la R&B Era— la preponderancia de los sellos discográficos independientes frente a los majors en lo que a búsqueda de nuevos talentos y gustos del público se refería.

UPTOWN SOUL

El Uptown Soul fue el soul de las producciones perfectas, aquel que no distinguía edades ni razas. Menos sudoroso y doliente que su hermano del sur, el Uptown Soul fue sinónimo de vocalistas a-la-crooner y de grupos de estudiadas coreografías, de secciones de cuerda impecables y coros aterciopelados. De brillo y elegancia. De flotar con los ojos cerrados. Un estilo que tuvo en la punta de lanza del noreste norteamericano —Chicago-Detroit-New York— a sus mayores exponentes.

Detroit fue Motown Records: el sueño de Berry Gordy, Jr. Un ex boxeador aficionado al jazz que, en pleno proceso de divorcio y trabajando en una cadena de montaje de la Ford tras haberse arruinado con su tienda de discos, escribió una canción —Money (That’s What I Want)— cuyo éxito hizo realidad su declaración de principios. Ninguna compañía fue tan popular, tuvo un sonido tan característico ni un platel de figuras tan míticas como la Motown Records. Hitsville, el sonido de la joven América, la discográfica de Marvin Gaye, Smokey Robinson and The Miracles, The Supremes, Martha Reeves and The Vandellas, Stevie Wonder, The Temptations, Four Tops, Edwin Starr, Mary Wells, J.R. Walker & The All Stars, Brenda Holloway, Tammi Terrell, Gladys Knight and The Pips, The Velvelettes, los hermanos Ruffin y The Marvelettes. Una corporación controlada por Berry Gordy con guante de seda forjado en hierro donde la clave del éxito radicó en saberse rodear de los mejores: un jefe de ventas como Barney Ales, un vicepresidente como Smokey Robinson, unos compositores como el propio Smokey, Holland-Dozier-Holland, Ashford & Simpson o Norman Whitfield y una back up band como los Funk Brothers —los pianistas Earl Van Dyke y Johnny Griffith, el bajista James Jamerson, el batería Benny Benjamín y el guitarrista Robert White—.

A diferencia del alambicado y festivo soul-pop de Detroit, el Chicago Soul fue mucho más soft y comedido —aunque capaz de clavarte un stomper por la espalda sin despeinarse—. Un soul para finos paladares, obra de la tríada Curtis Mayfield/Johnny Pate/Carl Davis, que tuvo repartidos sus artistas y éxitos por un buen número de memorables labels de la Windy City: la mítica Chess Records —con The Dells, Fontella Bass, Jan Bradley, Jackie Ross, Billy Stewart, The Knight Brothers y Etta James/Sugar Pie DeSanto—, la pionera Vee-Jay —con Jerry Butler and The Impressions, Gene Chandler y Dee Clark—, la subsidiaria de Columbia Okeh —con Major Lance, Walter Jackson, Billy Butler y The Artistics—, la vendetta de los renegados de Vee-Jay Constellation Records y Bunky —con The Squires—, la gospelly One-derful/Mar-V-lus/M-Pac/Midas y su hard soul —con Otis Clay— o la subsidiaria de Phillips Mercury —con Jerry Butler y Dee Dee Warwick—. Sin olvidar, los sellos neoyorquinos con cazatalentos en Chicago —Bruswick con Jackie Wilson y Barbara Acklin— y oficinas en la Chi Town —ABC con The Impressions y The Marvelows— que marcarían la uptown soul connection entre las dos grandes metrópolis.

La escena soul neoyorquina de los 60 —la eterna olvidada— floreció alrededor de Scepter Records y su subsidiaria Wand. La compañía de Florence Greenberg que lanzó los éxitos de las Shirelles, Dionne Warwick, Chuck Jackson, los Isley Brothers, Maxine Brown y Tommy Hunt. Pero también en torno al sello de girl groups Reb Bird/Blue Cat —fundado por Leiber/Stoller y con las Dixie Cups, Shangri-Las y Ad-Libs en sus filas—, el sello de las tórridas parejas Sue Records —con el matrimonio Ike and Tina Turner versus los hermanos Charlie and Inez Foxx—, el de Joe Evans Carnival Records —con The Manhattans—, Bell Records —con The O’Jays y los primos James and Bobby Purify—, Calla Records —con J.J. Jackson—, Old Town/Barry —con Thelma Jones, Peggy Scott y The Flirtations—, Musicor —con The Platters y Melba Moore— o United Artists —con Garnett Mimms—.

Chicago-Detroit-New York, tres vértices para el triángulo de un Uptown Soul donde Philadelphia —con Swan Records y Cameo/Parkway—, San Francisco —con Galaxy— y Los Ángeles —con Kent/Modern, Renfro, Mirwood, Money, Liberty y Loma— también tuvieron mucho que decir.

SOUL LATINO Y DE OJOS AZULES

El soul, como género musical preponderante en los USA durante la primera mitad de los 60 del siglo pasado, tuvo un impacto tan arrollador en las listas de éxitos que hizo desaparecer temporalmente las de música negra. El soul arraigó en la cultura popular norteamericana, y por ende en la occidental, como ninguna otra música negra lo había hecho antes y fruto de su hegemonía se produjeron dos fenómenos inevitables: la incursión de artistas blancos en el género y una nueva fusión con la música latina.

El blue-eyed soul fue la consecuencia lógica de las audiencias mixtas del soul y del arduo trabajo de muchas de las bandas interraciales de estudio que habían creado el género —Booker T. and The M.G.’s, Mar-Keys, Muscle Shoals Horns…—. Un estilo que en Norteamérica fue liderado por Timi Yuro, The Righteous Brothers, Bobby Goldsboro, Evie Sands, Dean Parrish, The Rascals, The Box Tops o Mitch Ryder and The Detroit Wheels y que la internacionalización del género llevó a Italia, Escandinavia, Australia, México, Nueva Zelanda, Holanda y, sobre todo, al Reino Unido, donde las bandas en torno a los mods cultivaron el género incluso antes de su masiva popularización: The Action, Georgie Fame, Spencer Davis Group, Small Faces, A Band Of Angels, Timebox… y ello, sin olvidar a Dusty «La gran dama blanca del soul» Sprinfield ni a Tom «El tigre de Gales» Jones.

Como resultado de la convivencia entre la comunidad afroamericana y las comunidades latinas —principalmente cubanas y puertorriqueñas— de La gran manzana nació el latin soul. Aleación destrozacaderas de latin jazz, soul y ritmos cubanos —mambo, son, guajira, guaracha— que llenó las pistas de baile con un ritmo trepidante de arengas en spanglish tan efímero como endiabladamente intenso. The first Nuyorican music. Un estilo que tuvo su hogar en Fania Records, Tico, Cotique, Atlantic y entre sus ilustres inquilinos a Mongo Santamaría, Joe Cuba, Ray Barretto, Johnny Pacheco, Willie Bobo, Joe Bataan, Pucho & His Latin Soul Brothers, The Latinaires, The Latin Souls, The Lat-Teens, Johnny Colon, Willie Colon, Hector Rivera, Jack Constanzo, Pete Rodriguez, Harvey Averne, los hermanos Lebron y los hermanos Charlie y Eddie Palmieri…

Con la llegada de los 70, el soul se hizo smooth y Philly y se llenó de funk, psicodelia y protesta social viajando a otros destinos donde mandaba el ritmo sobre la melodía. Otra historia que no pone fin a la nuestra donde los últimos supervivientes de la resaca Mod y herederos ejercerían de reserva cultural del classic soul en el norte de Inglaterra para que nunca cayera en el olvido.

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